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Las bases del terrorismo islámico

Alexandre del Valle le 17/09/2001
Source : El Fígaro

Article traduit par Laurent Waksmann

Desde el 11 de septiembre, los analistas y observadores del mundo nunca han hablado tanto del « islamismo » y del Islam. Los diferentes comentarios – a menudo precipitados y superficiales – oscilan entre la « islamofobia », la cual es peligrosa porque asocia Islam con terrorismo islamista, y la « islamófilia » que se manifesta con lo « islamicamente correcto », prueba de un cierta ignorancia, en virtud de lo cual los repetidos atentados islámicos siempre son ocasiones – con el pretexto de denunciar dicha confusión entre Islam y terrorismo – para alabar las cualidades intrínsecas del Corán, « texto de paz », y del Islam, « religión de amor », receptáculo inverso y redentor de toda la mala conciencia occidental judeo-cristiana. Tratemos de verlo de manera más clara.

Del Carácter único del totalitarismo islámico

A diferencia del fundamentalismo protestante y del integrismo católico, el islamismo (al-Islamiyya) se caracteriza por su triple dimensión, teocrática, conquistadora y violenta, que hace de él una ideología totalitaria más que un simple integrismo religioso como otro cualquiera. Ni el Judaísmo, totalmente opuesto al proselitismo, ni el Cristianismo, cuyos textos sagrados reprueban toda violencia y están al origen de la idea específicamente occidental de la laicidad, producieron el equivalente del islamismo. Por supuesto, el Islam no es el islamismo y los Musulmanes son las primeras víctimas de ello; Pero los orígenes profundos del fascismo islamista radican en los fundamentos mismos de la ortodoxia islámica, enseñada en las grandes Universidades musulmanas del mundo entero, fundamentos que no han cambiado desde el siglo XI; lo demuestra el hecho de que el Corán y los Hadices, al origen de la Charia, proclamen explícitamente la Guerra Santa. Y así es porque la Yihad constituye uno de los medios de expansión naturales del Islam; En efecto, Mahoma mismo participó en alrededor de ochenta batallas y percibió los botines de guerra sobre los infieles. En el Corán, el combate armado es denominado « sendero de Alá » y los Muyahidines caídos son comparados con « mártires de la fe » (Corán, IX, 52 ; LVIII, 19). El Corán rebosa de suras llamando a la guerra contra los judíos y los cristianos insometidos o también los politeístas : « ¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura (Ahl al Kitab), no creen en Alá ni en el último Día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente! » (IX, 29); « Se os ha prescrito que combatáis, aunque os disguste... »( II, 216); « …Cuando tirabas, no eras tú quien tiraba, era Alá Quien tiraba, para hacer experimentar a los creyentes un favor venido de Él... » (VIII, 17); « Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda todo el culto a Alá. Si cesan, Alá ve bien lo que hacen » (VIII, 39); « Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!... » (IX, 5); « ¡Creyentes! ¡Combatid contra los infieles que tengáis cerca! ¡Que os encuentren duros!... » (IX, 123).
Asimismo, los grandes pensadores musulmanes ortodoxos y comentadores de los Hadices (« dichos y hechos » de Mahoma) : el Bojari, El Ghazali (1058-1111), Nawawi, Ibn Taimiyya, Malik, teorizaron « la Guerra Santa (o el esfuerzo) en el sendero de Alá » (Sihad fi sabil’Allah) y reglamentaron las modalidades de exterminación de los « Infieles » : la ley prohíbe matar a ciertas categorías en la guerra contra los infieles : menores, dementes, hermafroditas y mujeres (…) pero se puede matar legalmente a monjes (no recluidos), mercenarios al servicio de los infieles, viejos y débiles, etc..., escribe Nawawi (Nawawi, Minhadj, III, pp. 261, 264). Por lo tanto, el asesinato de siete monjes cisterciences de « La trappe de Tibherine » el 21 de mayo de 1996 por un comando de GIA se basa en un fundamento jurídico, teológico y legal…

De la ausencia de reforma del Islam al fundamento « legal » del terrorismo islamista

Según el Gran Muftí de Marsella, Souheib Bencheikh, teólogo adepto de un Islam « republicano », « los hombres del GIA (...) actúan de manera muy canónica, por eso se los ve rezando tan bien como violando (...), la mujer forma parte del botín de guerra en esta misma lógica canónica. Denuncio la hipocresía de los teólogos musulmanes que, por cierto, denuncian esas prácticas y matanzas, pero no acusan la teología de la que ellas proceden », osa afirmar Bencheikh. « Han de aprovechar la ocasión para desacralizar el derecho musulmán, sobre todo en algunos puntos que ofrecen un pretexto a estos bárbaros que esconden sus acciones criminales detrás de una supuesta canonización » (Bencheikh, Le Matin, periódico argelino, 11 01 1998).
Es en efecto porque la Yihad está cargada de una considerable legitimidad islámica que todos los islamistas contemporáneos (Mawdudi, El Banna, Qotb, Kichk, Farag, Bin Laden, etc.) hicieron de ella su leitmotiv central. Negar esta realidad permitirá evitar nuevos World Trade Center ? Nada es menos seguro, porque las causas profundas del fracaso del reformismo musulmán, y por tanto del resurgimiento islamista están en los carácteres indiscutibles de los textos sagrados musulmanes y en el rechazo, típicamente islámico, de toda innovación (bidàà) teológica. Existieron tentativas de reformas durante la ola reformista (Salafiyyah) que agitó todo el pueblo musulmán a finales del siglo XIX. Los heraldos de aquella corriente, Jamal al Din El Afghani y Mohammad Abdù, querían adaptar el derecho musulmán a las exigencias modernas. Deplorando la esclerosis del Islam y el « cierre de las puertas de la Idjtihad » (interpretación de los textos sagrados), causa de la decadencia del mundo islámico y de la « humillación colonial », Al Afghani pidió la disolución de las quatro escuelas jurídicas ortodoxas sunnitas (Chafiismo, hanafismo, malikismo y hanbalismo). Pero desde el principio, la Salafiyyah decidió apartar del campo de las reformas las cuestiones teológicas fundamentales. Rápidamente, a los reformadores «laicizantes» les hicieron la competencia los predecesores de los islamistas modernos ya que éstos últimos también predican la Salafiyya, el Islam de los « piadosos ancestros » (Salaf). Los salafistas laicos y antilaicos no reprochaban lo mismo al conservatismo religioso, y el uso de una retórica igual permitió a los islamistas recuperar el movimiento « reformista » en su beneficio y al mismo tiempo debilitar a los verdaderos reformistas laicos y liberales, acusados de ser los « agentes del colonialismo occidental judeo-cruzado ».
Hoy en día, los fanáticos sanguinarios del Gamaà egipcio, del GIA argelino o del grupo de Osama Bin Laden se valen del « Salafismo » suní » !... Esto nos permite darnos cuenta de que el tópico según el cual los chiítas (el 10 % de los musulmanes) serían los extremistas terroristas por excelencia (los « locos de Alá » iraníes o libaneses del Hezbollah), y los sunnitas (el 85 %) serían los « moderados », es erróneo porque los islamistas suníes son en realidad aún más radicales que los chiítas respecto a la doctrina y no logran adaptar e interpretar los textos sagrados. Recordemos que a diferencia del sunnismo, más fijo que el chiísmo, éste último nunca ha aceptado el « cierre de las puertas de la Idjtihad » como tampoco el principio del Taqlid (conformismo teológico y jurídico), la capacidad de reinterpretación propia del chiísmo explica por tanto el origen chiísta de la mayoría de las heterodoxias del Islam condenadas por los sunnitas ; ismailismo, druzismo, alaouismo, babismo, bahaismo iraní, etc. La guerra latente entre Irán y los Talibanes o los wahhabitas, por ejemplo, ilustra la realidad formulada anteriormente.
Además, los reformadores musulmanes siempre fueron acusados de construir sus ideologías laicas a partir de las de los infieles, impuestas por los colonizadores occidentales. En efecto, la idea misma de una separación de la religión (din), de la sociedad (dunya) y del Estado (dawla) es calificada de « sin sentido » por el Islam clásico, y con más razón por los islamistas que se refieren al pensamiento del hanbalita Ibn Taiymiyya, el cual representa una referencia común a los wahhabitas sauditas y a los Salafistas afganos o a los Hermanos Musulmanes. Así fue como las tendencias reformistas y «laicizantes» del Islam, desacreditadas ab origine, fueron progresivamente marginadas.
Apoyada por los petrodólares del Golfo, la ola de reislamización radical también fue fomentada por una explosión demográfica sin precedentes, ella misma relacionada con el oscurantismo y factor de pobreza, terreno de acción privilegiado de los islamistas.
Así, uno de los primeros movimientos islamistas, la Asociación de los « Hermanos musulmanes » (El- Ikhwan El-Muslimùn), fue fundado en Egipto en 1928 por Hasan El-Banna, discípulo de Rachid Ridda, sin embargo heredero de Jamal Eddine El Afghani. Los Ikwan El Muslimùn nacieron como reacción contra los regímenes musulmanes de la época, los cuales, bajo la influencia del Occidente, tenían tendencia a secularizarse. Todavía muy fuerte y potente en Egipto y en el mundo islámico (Kuwait, Turquía, Túnez, etc), la organización trata de instalar Estados islamistas en todas partes del mundo, unas veces por la violencia, otras a través de las vías electorales. El equivalente paskistaní de los Hermanos, la Jamaà at-islami, proseguirá este mismo objetivo. Fundada en 1941 por A.A Mawdudi, esta organización predica la constitución de un Estado islámico separado y aplicando la Charia, única solución para escapar al « poder infiel » (Houkoum Jahili) de los hindúes. Esta « gestión separatista » estuvo al origen de la creación del Estado de Pakistán en 1947. El principio de « rechazo del poder infiel » explica la mayoría de los conflictos entre Musulmanes e « impíos » en Cachemir, Sudán, Armenia, Chechenia o hasta en Kosovo y Macedonia, donde las poblaciones musulmanas ahora están en mayoría. El Corán fomenta estos conflictos : « ¡No flaqueéis, pues, invitando a la paz, ya que seréis vosotros los que ganen! Alá está con vosotros y no dejará de premiar vuestras obras » (XLVII, 35).

Europa, tierra de asilo o tierra de Yihad para los islamistas?

En Europa y en territorio no-musulmán en general, el imperativo islámico que es huir o combatir « el poder infiel » se expresa de diferentes maneras : la doctrina geopolítica enseñada por la ortodoxia islámica divide el mundo en diferentes zonas enemigas : la « tierra del Islam » (Dar El Islam) – conjunto de países en los que domina el Islam – y la « tierra de la guerra » (Dar el Harb), el mundo infiel. En el Dar el Islam, « se toleran » los no-musulmanes que pagan un tributo, se conforman a la Charia y practican una religión cuyo padre es Abrahám, es decir el judaísmo y el cristianismo. En cuanto al Dar el Harb, constituye un espacio geopolítico y religioso hostil, con el cual pueden existir únicamente relaciones de guerra. No obstante, el Corán prevé una excepción : el « Dar el Islam » puede observar una tregua con la « tierra de la guerra » si, debida al principio de necesidad (darura), ella permite que los Musulmanes, obligados a residir en el Dar el Harb, prediquen su doctrina sin exigir como contrapartida la predicación no musulmana en tierra de Islam. Más todavía : los islamistas pueden expresarse mejor y de manera más libre en tierra occidental que en sus propios países de origen ! Esta situación intermediaria, que la apertura total de las sociedades post-cristianas hizo posible, es denominada « tierra de conciliación (Dar el Ahd o Dar el Solh), o también « tierra de predicación » (Dar al Dawaà), en referencia al imperativo de proselitismo. Así es como en Europa, los islamistas y los garantes del Islam « ortodoxo », especialmente el muy mediatizado Tariq Ramadan, actual líder indiscutible del movimiento de los « Hermanos » en Europa (representado por la UOIF en Francia) y nieto de Hassan El Banna, confirman el carácter lícito de la presencia musulmana en Europa al título de Dar El Daàwa.
Desde este punto de vista, el Occidente parece haber interiorizado ya el principio de superioridad del Islam - fenómeno que la islamóloga anglo-egipcia Bat Yé’Or denomina la « dhimmitud » - al aceptar el acuerdo desigual que consagra oficialmente el proselitismo de algunos Estados islamistas como Arabia Saudita (al origen de la mayor mezquita del mundo construida en Roma en 1992), mientras que, en Arabia, ni siquiera se puede abrir una sola capilla en contrapartida...
Es que en el Islam clásico, las relaciones pacíficas con los territorios no musulmanes son condicionadas por el respeto de este principio de unilateralidad. Esto explica por qué Gran Bretana o Suecia, que otorgan una libertad cuasi-total a los islamistas más radicales, no han sido, hasta ahora, objetos de atentados terroristas, a diferencia de Francia (laica), acusada de haber « persecutado » a las chicas que llevan el velo (la ley francesa lo prohibe en los lugares públicos, especialmente en los lugares de enseñanza ), o hasta América, quien rompió el contrato (informal) del Dar El Solh al ocupar ilícitamente el territorio sagrado y prohibido (haram) a los infieles de Arabia, territorio en el que se encuentran los Lugares santos del Islam. Algunos replican que Arabia Saudita es un aliado de América y que los GI’s la ocuparon después de salvar a ésa y al Koweit vecino de la invasión por Saddam Hussein. Esto supone olvidar que el Islam siempre debe dominar y que el aliado infiel debe someterse a este principio, así lo precisa el Corán : « Sois la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado: ordenáis lo que está bien, prohibís lo que está mal » (III, 110).
Una vez más, el gesto de Mahoma – quien agradeció a los Judíos de Medina (que lo habían acogido trás su exilio de la Meca pagana) matandolos con su espada, y la evocación de una escolástica musulmana nunca cuestionada, constituyen, mientras el Islam no conozca un « Vatican II », las fuentes iniciales de la legitimación de la violencia islamista.
Magistral y terrible lección para una América que persiste en apoyar a la Arabia Saudita fundamentalista y esclavista después de haber apoyado a Bin Laden y a los Talibanes contra el Bloque eslavo-ortodoxo (la guerra de Kosovo marcó el apogeo de la estrategia del « cinturón verde »), pero también para el Occidente en su conjunto, que sigue acogiendo a los peores fanáticos islamistas en nombre de la « libertad de expresión » y del « derecho de asilo », los atentados del 11 de septiembre 2001 enseñan que la lección del Ayatollah Khomeiny, quien agradeció a sus protectores franceses y americanos con las tomas de rehenes y los atentados del Drakar, no ha sido aprendida.

Alejandro del Valle, autor de « El totalitarismo islamista al ataque de las democracías », Syrtes, 2002, nueva edición 2004.


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