Article traduit par Laurent Waksmann et paru dans "Argentina"
Los intelectuales que se dicen musulmanes repiten sin cesar que el Islam es fraternidad, paz y tolerancia. Tienen seguramente razón pero no tienen ningún apoyo teológico para afirmarlo. Sólo la versión arcaíca del derecho musulmán se mantiene accesible a todos y coherente a ella mísma. [...] Hoy en día, todo es esclerótico. Es sorprendente que Dios, según los musulmanes, haya modificado su legislación durante veintitres años y que esta legislación se mantenga intacta durante catorze siglos. [...] La fé, sin apertura de espíritu, no es nada más que fanatismo y ritualismo.
Soheib Bencheikh, gran mufti de Marsella (1)
MAHOMA, ¿PROFETA ILUMINADO O REFERENCIA SUPREMA DE LOS ISLAMISTAS?
Nacido en la Meca alrededor del año 570, proveniente del clán de los Hachim de la tribu beduina árabe de los Kuraïch instalados en el Hedjaz (actualmente Arabia saudita), Mahoma es a la vez el fundador de la tercera religón abrahánica y el instigador de la unidad socio-política, religiosa y militar de los Arabes. La tradición afirma que recibió, a partir del año 610 después de J.-C, vía el ángel Gabriel, la revelación de la palabra de Dios bajo la forma de versos reunidos en suratas que forman hoy en día en Corán (Qu’ran). En La Meca, el nuevo profeta predica en un primer tiempo un monoteísmo absoluto y caritativo, refiriéndose a la Biblia que judíos y crisitanos heterodoxos que frecuentó le habián explicado. Llamando a la conversión, trata en vano de persuadir a sus similares de La Meca, los cuales no tardan en tratarlo de loco y rechazarlo. Aún muy débil para hacer uso de la fuerza, Mahoma se contenta con condanar al gehenio a todos los que “pusieron al lado de Alá otra divinidad” (50, 25-26). Para no recibir la penitencia de Alá, la única vía posible es la conversión al verdadero monoteísmo que, en su primera frase, es muy cerca al de los judíos. En 619, el profeta del Islam pierde a su tío y protector, Abou Taleb, asi que su rica mujer, Khadidja. Su primera misión fracasa. En 622, acompagnado de un puñado de adeptos, el “enviado” (el-nabi) debe retirase a Medina (Yathrib), dónde consigue una alianza con las tribus judías locales. Esta etapa es denominada la Hégira, en referencia a la emigración (hijra), y marca del principio del calendario y de la era islámica. En Medina, dónde los clanes árabes en conflicto buscan un líder, Mahoma se impone rápidamente como árbitro. Allí, cambia de atitud pasando de la moderación de sus predicaciones de la Meca a jefe teocrático y guerrero, justificando cambios radicales y razias en el nombre de Alá. Establece en Yathrib la primera sociedad islámica política y militar que le permitirá más adelante reconquistar su ciudad de origen. Convencido que transmite la herencia monoteísta de Abrahán, Mahoma concibe El Reglamento de la ciudad de Medina según el cuál la comunidad islámica (oumma), compuesta por todos los habitantes de Medina – judíos, cristianos, musulmanes que acpetaron someterse –, es dirigida por el representante de Alá y se mantiene unida contra el “agresor” de La Meca. A partir de ese momento, la violencia al encuentro de infieles deja de ser únicamente espiritual y símbolica, y se transforma en una práctica temporal legitimizada por el Corán. El objetivo de la oumma es entonces extender el Islam alrededor de Medina y, una vez las fuerzas militares reunidas, de reconquistar – en realidad islamizar – La Meca. La violencia del djihad tiene como vocación vengar el honor de Alá y de su “enviado”, “humillados” por los politeístas y las personas del Libro.
La Hégira es fundamental, porque permite entender el origen conquistador del Islam. Es en referencia a este evento fundador que un grupo de islamistas egípcios ultra-radical, haciendo parte ahora de Al-Qaida, había elegido llamarse “excomunicación y Hegirio” (el-Takfir wa’l-Hijra). Takfir, el hecho de denunciar la apóstata, significando la condanación de la sociedad no-musulmana – anatemización inaugurada por Mahoma en su lucha contra La Meca pagana –, mientras que hijra, “que invoca la migración del Profeta de La Meca pagana para fundar su propia sociedad islámica en Medina, quiere decir que los verdaderos musulmanes dejan las sociedades existentes para crear una nueva que sea realmente islámica. Esta doctrina islámica de la revolución se mostró extraordinariamente potente (2)”. Lejos de ser reducidos a simples extremistas heréticos traicionando el mensaje coránico, los islamistas djihadistas modernos encuentran en la vida de su Profeta una formidable fuente de legitimización de su activismo. Cuando son persecutados en sus paises, como en Tunisia, en Egípto, en Algeria u otros países, y que encuentran refugio en los paises occidentales “ímpios”, los islamistas están convencidos de realizar su hijra con el fin de reconquistar, desde la tierra infiel acogedora – que deberá ser islamisada a largo plazo –, la tierra de origen prometida al Islam.
Desde que el Profeta fue capaz de reconquistar La Meca sin la ayuda militar de las tribus paganas y judeo-cristianas, dejó de respectar la libertad de culto de las diferentes comunidades que había querido incorporar. El Enviado de Alá, que había durante mucho tiempo contado con la islamización de los judíos de Medina, considerados al príncipio como monoteístas auténticos, termina acusándolos de haber traicionado el mensaje de la Thora y de haber apartado del camino de Alá a los que creen (3, 99). En otros tiempos venerados por Mahoma, los hijos de Israél, que rechazaron la nueva revelación, son de repente acusados de hipocresía, despojados de sus bienes (3, 9-17), asesinados por comandos musulmanes enviados por Mahoma mismo y forzados al exilio. La ruptura definitva se hará con el cambio de orientación (qibla) de las plegarias, al principio hacia Jerusalém y depués hacia La Meca (2, 142-152). Esperando compensar las terribles derrotas militares de la segunda grande batalla de Uhod, Mahoma y sus adeptos atacan en agosto del 626 a la tribu judía de los Banou-Nadir, expatriándolos bajo pretexto de una supuesta tentativa de asesinato del Profeta, cuando estos solo habían resistido a los órdenes del Bello Modelo que les había pedido de abandonar la ciudad. Depués de haber resistido a los ataques mequinenses en Medina en 627, Mahoma ataca la tribu judía de Banou-Kurayza, dónde matará a todos los hombres, robará todos los bienes y se llevará a las mujeres y los niños (33, 26-27). Después de la toma de La Meca en 628, Mahoma vuelve a Medina de dónde lanza enormes ataques contra los oasis de Khaïbar, Fadak, Wadi al-Qirah y Taïma dónde vivían las tribus judías del norte de Hedjaz. La victoria sobre los judíos de Kaïbar será considerada como una “recompensa de Alá” (48, 18-20) y le dará las gracias (61, 1). El cambio de posición de Mahoma con respecto a los judíos de Medina y del Hedjaz sirve de modelo a los islamistas en Occidente que, después de haber beneficiado de la libertad de expresión y de la hospitalidad de los paises acogedores que les niegan hasta en sus propios paises de origen, o después de haber sido apoyados por paises occidentales (Khomeyni, Ghannouchi, Omar Adel Rahmane, Ben Laden, etc.), agrandaron su odio en contra de este mismo Occidente “infiel” que sigue siendo para ellos la tierra “sin piedad” (dar al-kafara), del colonialismo y de la guerra (dar al-harb). Es por estas mismas razones que vimos en 1998 y depués con los atentados de Manhattan y del pentágono en septiembre del 2001, a los talibanes dar asilo al peor enemigo de los Americanos, Oussama Ben Laden, y hacerle frente súbitamente a Washington. Como el ayatollah Khomeyni en otros tiempos que le hizo frente a su antiguo protector francés agradeciéndolo con los atentados en Dakar, Ben Laden expresará su gratitud hacia su antiguo protector americano, desde 1991, haciendo ataques terroristas contra “los ciudadanos, soldados, símbolos o todo interés amerciano en el mundo”, llamando al mismo tiempo al djihad mundial en contra de los “judíos y los cristianos” (al-yahoud wa’l-salibiyoun).
Marchando hacia La Meca para acumplir una peregrinación, Mahoma declara la guerra total obligatoria (4, 73-82) a los hipócritos (mounafiqoun), a los judíos, a los traidores del Islam (4, 105-115) y a los politeístas (4, 116-120). Es de este contexto medinense guerrero que se crean suratas legitimando la violencia y el robo. Los creyentes deben obedecer y dar el botín a Alá y a su Profeta después de la victoria (7, 20-29) y descanzarán solamente después de haber vencido a los politeístas: “peleenlos hasta que no quede ninguna asociación, y que la religión sea únicamente la de Alá” (8, 39). En el contexto de la unificación de la Arabia por la conquista islámica, los cristianos y los judíos que habían aceptado someterse pasaron al estatus de protegidos (dhimmis).
La toma de La Meca inaugura el segundo período medinense del Profeta que, desde el Hegirio, aplica fidelmente esta prescripción divina: “¡Oh Profeta, lleva la lucha contra los incrédulos y los hipócritas y se duro con ellos. Su refugio será el Infierno, y que fea destinación!” (66, 9). Tanto como los judíos, los cristianos aparecerán en el palmarés de las conquistas del Profeta. Agradeciendo a Alá por haberle dado el hierro (el sabre: saïf) como instrumento sagrado para la victoria (57, 25), Mahoma lo utilisará contra los cristianos “ímpios” y “pervertidos” (57, 25-29), a la expepción de los que reconocen que los Evangelios anunciaron su llegada a través del Paracleto. El Bello Modelo y sus dicípulos declararán la guerra a las tribus árabes cristianas de Yemen, y de las regiones limítrofes a Persia y al Imperio Bisantino. Mahoma hará su último combate contra los cristianos en 631 en Tabouk, hostilidad fundamental transcripta en las suratas 9, 29-30: “los cristianos dicen: el Cristo es el hijo de Alá. Esas es son sus palabras. Imitan el dicho de los incrédulos antes que ellos. ¡Qué Alá los aniquile! ¿Cómo se ecartan [de la Verdad]?” El Profeta llegará a su apogeo en Medina con la destrucción de una iglesia y excomulgando indistintamente a los infieles, los “asociadores”, los judíos y los cristianos. La violencia y el extrañación político-social de la cuál eran víctimas no era más que el reflejo de su extrañación teológica (9, 29-35), el djihad contra ellos siendo una obra piadosa (69-74; 38-52 y 81-96). Los paganos que se negaron a la conversión fueron matados. De esta manera, entre 622 y 632, toda la Arabia fue islamizada.
Entre el mensaje moral, misericordioso, ecuménico que Mahoma predicaba en La Meca y el de Medina, obscurantista, guerrero y “vengativo”, de dónde nace la fórmula cara a los islamistas utilizada en los discursos de los tribunales o por los hombres políticos, en Irán, “Dios tirano y vengativo”, la diferencia es radical. De allí proviene la teoría de los dos Coranes o de dos Islames, que incita a los musulmanes en contra del fanatismo y de la violencia a reclamarse del islam de La Meca con el fin de promover un islam tolerante y espiritualista, desgraciadamente marginalizado, ya que es golpeado por el islam ortodoxo quién considera un pecado toda deviación o “innovación” (bid’a). La tradición y la escolástica islámicas sunitas establecen que las suratas medinenses, muy intolerantes, son más importantes que las de La Meca, en vertud del principio del “abrogado y del abrogante” y de un comentario del Profeta (3). “hoy en día todavía, los musulmanes tienen tendencia a proclamarse de Medina [...]. Es su más grande gloria ya que fue de allí que se fueron para conquistar La Meca, volvieron gloriosos, atacaron la clase aristocrática y rompieron a todos los ídolos. La victoria empezó en esta ciudad, la cuál tiene el honor de haber llamado al djihad” precisa el islamólogo libanés Joseph Azzi (4). En vez de morir sobre la cruz y de dar su mejilla izquierda como Jesús, Mahoma prefirió, como hombre de Estado y jefe de guerra, tomar la espada con el fin de crear su ciudad terrestre y de expandir el orden religioso islámico. La história muestra que el Islam no fue siempre tan duro que a su origen, y que el cristianismo fue varias veces más político y guerrero de lo que los mensajes del Cristo y de los Evangelios lo hubieran permitido. Pero es dificil negar que un islamista moderno que mata infieles para expandir el reino del Islam está mucho más en acuerdo con su conciencia de creyente y con el ejemplo mahometano que el cristianismo de proteger la cristiandad con la espada. En plena ortodoxia islámica y en imitatio muhammadis, los cuatro primeros sucesores, los califes “bien iluminados” (rachidoun) por Mahoma, seguirán la obra del djihad y de la conquista (fath) con el fin de expandir lo más posible las fronteras del imperio islámico naciente.
A partir de 634, las primeras guerras expansionistas del Islam ensanglentaron todo el Oriente Próximo, empezando por las regiones arámeas (Siria en 636), egípcias (640) y bereberes del Empirio bisantino. Los Persos serán atacados en Mesopotamia con la batalla de Nehavend en 642 y serán definitivamente vencidos en 651. Los autotóctonos solo verán, en las destrucciones del fath y del djihad, en los saqueos habituales de los nómadas, robando con las razias. Se equivocaban. Porque “la doctrina del djihad toma prestadas las prácticas de las razias perpetuadas por los nómadas, pero endulzándolas con prescripciones coránicas (5)”. Hay que tener en cuenta que en la época de Mahoma, lo que llamamos la razia (ghazwa)(rhâzya, rhazâwa) constituye un modo de vida y de subsitencia “normal”. Persia y Bisancio serán entonces regularmente amenazados por la península árabica vecina, de manera que la sola solución encontrada por los emperadores bisantinos y persas contra ellos será reclutar tribus árabes cristianizadas como los Ghasanides, encargadas de proteger las fronteras del Sur del Imperio Bisantino, o los Lakhmides, que defenderán las fronteras del Oeste del Imperio persa. Los juriconsultadores musulmanes ratificarán más adelante, en una dogmática coránica, los procesos y las tacticas de las operaciones militares lo largo de las conquistas, el trato de los pueblos vencidos, la fiscalía y el estatus de las tierras conquistadas (diezmo, kharadj, fay). Es para justificar el robo a los infieles por los mahometanos que Ibn Taymiyya, uno de los más célebres pensadores musulmanes y figura principal de la cuarta escuela sunita ortodoxa del Islam, escribirá en su célebre trarado de política jurídica: “ el botín (fay) es robado a los infieles por la fuerza [...], el Profeta dijo, según Jabir b’Abd-Allah: “Hé triunfado por el terror en un mes, la tierra fue hecha para mí, tuve la permisión de hacer botines, fui enviado con el sabre para que los hombres se dediquen al único Dios, mis recursos fueron puestos en la sombra de mi lanza. Dios le sacó los bienes a los infieles para restituirlos (afa’a, rada’a) a los muslmanes” (6).” El hecho que el djihad descienda directamente de la razia explica porque, en la terminología árabo-musulmana corriente, el “guerrero de la fé” puede también ser llamado moudjahid (combatiente del djihad, moudjahidines al plural) y ghazi (o razzi, literalmente pillo-guerrero). En lo que concierne las modalidades de reparto del botín, la tradición islámica quiere que se invierta el imam del rol del gerente del botín confiscado a los infieles durante el djihad, en vertud de varios versos del Corán que denominan al Profeta para administrarlos, al beneficio de la oumma (59, 7-10; 49, 19; 48, 20; 8, 69). Este es el origen del fay, principio según el cuál el bien colectivo y legítimo de la oumma está constituido por los bienes robados a los no-musulmanes. “Del botín hecho por los musulmanes después de operaciones guerreras, el imam deduce el quinto. Debemos combatir el enemigo sin informarse si pelearemos bajo el comando de un jefe piadoso o depravado (7), ecribe Abu Zayd el-Qayrawani, autor de numerosas obras de derecho que asegura el triunfo de la escuela malikita (Malik).
VIOLENCIA Y DJIHAD: EXPRESIONES DEL TOTALITARISMO ISLAMICO.
En el islam, la violencia es mucho más que la expresión de una fuerza brutal. Es la incarnación y la prueba de la fuerza absoluta, atributo de Alá. Dedicados hacia el pecado e ingratos hacia Dios, el hombre debe seguidamente redimirse. La violencia purificará las sociedades invadidas por la perversiad, castigará a los pueblos infieles y vengará el honor de Alá ensuciado por los incrédulos o los apóstatas. “la característica totalitaria del islam no es más aparente que en el concepto de djihad, la guerra santa, que tiene como objetivo final conquistar el mundo entero y de someterlo a la única verdadera religión, a la ley de Alá, estima Ibn Warraq. Sólo es Islam detiene la verdad. Fuera del islam, no hay salvación (8)!” Es porque el djihad es un dogma islámico tradicional con una considerable legitimidad histórica y político-religiosa que el conjunto de los islamistas contemporáneos (Mawdoudi, Al-Banna, Qutb, Kichk, Farag, etc.) lo hicieron el centro de su doctrina y de su retórica. Los discursos del antiguo ideólogo del FIS, Ali Belhadj, o de los líderes islamistas provenientes del antiguo movimiento de los Hermanos musulmanes, son en este punto muy reveladores: “el djihad se impone hasta el día del juicio final y representa lo que hay de mejor en el islam. Es el objetivo estratégico, al servicio de la da’wa; asegura la instalación del Estado, su seguridad y su estabilidad, permitiéndole así de acumplir su misión superior por el bien de la humanidad (9).” A pesar de esta realidad histórica, una cierta visión “islamicamente correcta” y romanceada del islam contribuyó a forjar en Occidente el hecho de que el “gran” djihad (jihad al-kébir), que significa etymológicamente “esfuerzo”, sería espiritual, mientras que la violencia guerrera contra los apóstatas y los enemigos del islam, exclusivamente defensivo, sería el “pequeño” djihad (djihad al-zghir). Es cierto que corrientes musulmanas espirituales Sufis o modernistas defendieron la idea del “gran” djihad espiritual. Pero esta aceptación no es confirmada por ningún hadith del Profeta, origen de la chariá y del Corán. Las grandes compilaciones de hadiths reconocidas por las cuatros escuelas juridicas del sunismo no hacen más que referencia a su significación guerrera, militar y defensiva. Pero, dos hadiths “seguros” explican que “el monarquismo de esta comunidad es el djihad”, y que “el paraiso esta en la sombra de las espadas”.
También el djihad, al sentido de guerra apararece cuarenta y nueve veces en el Corán, y el verbo combatir (qital) cinquenta y una. El Corán y las diferentes biografías de Mahoma dicen que el Profeta del Islam hubiera organizado y personalmente dirigido ventisiete campañas militares, y hubiera decidido confiar treinta y ocho otras campañas a sus compañeros. El combate armado es denominado el “sendero sobe el camino de Alá” (jihad fi sabill’Allah) y los “que cayeron en la guerra santa” son comparados a mártires de la fé. El guerrero no más que el brazo de Dios: “No son ustedes quienes los mataron, sino es Alá quién los mató [...], y esto para probar a los creyentes con una bella prueba de su parte”, explica el Corán (8, 17). Si las cuatros escuelas jurídicas del islam están en desacuerdo sobre muchos puntos no teológicos y jurídicos, observamos en cambio una gran homogeneidad en lo que concierne dos puntos sobre los no-musulmanes: el tratamiento discriminatorio de los infieles y el dhijad como defensa y expansión del Islam. Las grandes figuras de las cuatro escuelas sunitas le dan una gran importancia: los Malikitas con Malik, su fundador, y Abu Zayd el-Qayrawani, en su Risala; los Chafeitistas con Nawawi, en su Minhadj; los Hanbalitas con Ibn Hanbal o Ibn Taymiyya (kitab siyassa shari’a); los Hanafitas con Abou Youssouf Yacoub, en su libro El impuesto a los bienes. Sin olvidar a los dos grandes compiladores de los hadiths, Bokhari y Muslim, en su El-Sahih (siglo IX), o también el gran sabio Mawardi, con sus Estatus gobernamentales. Todos consacran una gran cantidad de capítulos a la teoria del djihad, la “prescripción del quinto” (tributo) o la “capitación”. No olvidemos que, hasta en la prestigiosa e influente universidad Al-Azhar del Cairo, el djihad fue siempre explicado como un deber colectivo de los musulmanes para la efensa y la expansión del islam. De ese modo, en 1968, hubo en esta universidad la más grande conferencia consagrada a la teoria del djihad, coloquio dónde fueron invitados los principales teólogos musulamanes y que fue objeto de una publicación sorprendente de mil páginas (10). Retomando todos los grandes textos de los principales comentadores y genios ortodoxos del Islam sunita, los intervenientes demostraron la actualidad de las teorías de la guerra sobre el camino de Alá y del botín. Así, las conclusiones de las conferencias concluían que: “el djihad no termina jamás, hasta el día de la resurección, cuando sus objetivos serán acumplidos, por el rehazo de la violencia y de la rendición del enemigo [...]. El djihad le dio fuerza a la religión y aumentó la cantidad de fieles a Alá [...]. Para lo que están lejos, el djihad es un deber por procuración. Los diferentes modos de apoyo para sostener y consolidar a los combatientes del djihad, como el apoyo económico, el uso de la lengua y de la pluma, el recurso a tácticas políticas, hacen parte del combate. El djihad fue legislado para expandir el islam. Por consecuente, los no-musulmanes deben venir hacia el islam por voluntad propia o por la fuerza. La guerra es la base de las relaciones entre los musulmanes y sus adversarios, al menos que haya una razón importante para hacer la paz, por ejemplo la adopción del islam por el adversario o por un tratado de paz mutual. Pero los musulmanes son libres de romper el pacto con sus enemigos si sopechan que estos pueden llegar a traicionarlos.
definiciones:
(1) Marianne, 8-14 de octubre de 2001.
(2) Bernard Lewis, El retorno del Islam, Folio, 1985, p.39.
(3) “Cuando abrogamos un verso o cuando lo hacemos olvidar, lo remplazamos por uno igual o mejor”, hubiese declarado Mahoma (2, 106).
(4) Joseph Azzi, El cura y el Profeta, a los orígenes del Corán, Maisonneuve et Larose, p.270.
(5) Bat Ye’Or, Las Cristiandades de Oriente entre djihad y dhimmitud, Le Cerf, 1991, p.27-28.
(6) Ibn Taymiyya, Tratado de derecho público (Kitab el-Siyassa-Shariyy’a), in H. Laoust, Beyrouth, p.27-28 y 34-35.
(7) Ibn Abu Zayd el-Qayrawani, La Risala, “Epístola sobre los elementos del dogma y de la ley del Islam según el ritual malikita”, trad. L. Bercher, Alger, 1960 (5º ed.), p.163.